Escribir es esa sensación que te invade cuando pones juntas todas las ideas libertinas que tus sentidos captaron en algún momento del día, de una vez por todas y entonces te te das un sí, te cuadran en el esquema mental cuadrado que tienes trazado en tu cabeza.
Esa ruta que he trazado en el Google Earth son aproximadamente los 7500 km que voy a recorrer por carretera en los próximos 17 días. Lo peor, el desplazamiento de mañana hasta Barcelona en bus pasando por Madrid. Luego estaré por Bourg en Bresse, Colmar, Frankfurt, Weimar, Dresden, Wroclaw, Cracovia, Auschwitz, Czestochowa, Varsovia, Poznan, Berlín, Leipzig, Wurzburg, Estrasburgo, Riquewihr, Basilea y Ginebra.
Viajar en avión es lo mejor si quieres ir a conocer una ciudad específica o un país lejano y tienes pocos días de vacaciones. Pero es que esa sensación de viaje viaje yo sólo la adquiero cuando voy por carretera. Parando en estaciones de servicio, en pequeños pueblecitos, pasando por las fronteras ( que cada vez tiene menos gracia ). Son horas y horas de observar la orografía y la demografía de la basta Europa. Este año voy a ver Polonia una parte de Alemania y Francia que no conocía.
La verdad es que tengo la suerte de que a mis padres esto siempre les ha gustado y llevo ya unos años acompañándoles en estos viajes. Antes en lugar de hacer fotos grababa videos de lo que veía por allí. Ayer encontré unas viejas cintas y decidí echarles un vistazo. En poco más de una hora había recopilado algunas escenas curiosas que decidí combinar en un video con la música sesentera que estaba escuchando en aquel momento. Bien, este es el resultado:
En el video se me ve desde los 11 años en Bruselas hasta los 15 en Suiza y otras edades intermedias.
Los niños judíos del principio los grabé en Amberes ( Bélgica ). El guía del viaje a la República Checa era un crack, todo un pozo de sabiduría y con un estilo muy a lo Bernardo de Cámera Café, grande era Esteban sí. El señor que persigue el billete estaba en la frontera entre Hungría y Austria…
Almuradiel, Castilla – La Macha, poco después de pasar Despañaperros. Allí está la posada de Casa Marcos, probablemente la más importante de España. Si has venido a Andalucía en autobús, seguro que has estado allí.
La primera vez que llegué a dicho lugar, tendría unos 8 años. Nos quedamos a comer. Una sopa de ajo con tropezones de pan seco, bien rica estaba. De bebida, gaseosa mezclada con unas gotas de vino carrasposo manchego. Curiosamente tuve la extraña fortuna de perderme al ir al baño y ser hallado por el propio Marcos, al que desde entonces, no he vuelto a ver.
A pesar de la afluencia de gentes que pasan por allí a diario, los baños se conservan en un estado aceptable. Tiene, cómo no, Casa Marcos, su tienda de recuerdos y prensa, donde se puede comprar un queso manchego de muy buen gusto.
Al lado de la máquina de bolas con sorpresa, hay un stand de cassettes con una cinta de los Outkast, junto a las de Manolo Escobar, de su gran hit Hey Ya! que algún día acabaré por comprarme.
Conozco Casa Marcos a las 4 de mañana, al amanecer, al mediodía o a las 7 de la tarde del 11 de septiembre del 2001. En la televisión que tienen sobre la barra vi por primera vez cómo los aviones impactaban contra las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York, a mis diez añitos. Un chino que había allí con cara de místico y de haber luchado en Vietnam, me miró a los ojos con frialdad y me dijo que la tercera Guerra Mundial iba a empezar muy pronto. Volví en el autobús hecho un flan. Realmente sentía el miedo de una guerra inminente.
La semana que viene, como cada verano, pasaré de nuevo por Casa Marcos, de camino a Madrid.
DICIENDO EN TWITTER
Pues nada a conocer a los novato/as de la residencia y gastarles novatadas. Qué bien está esto de gozar de estatus de veterano... 1 hr ago
Si hay algo que me saque más de quicio que la presencia de Torres en la selección es que alguien me etiquete en una foto en la que no salgo 3 hrs ago